¿Qué le pasó a Pixi?

Aunque Pixi ya tiene 6 años y medio, le encanta correr por la oficina como un cachorrito, tirando cosas de los escritorios en el proceso. Nunca ha había pasado nada malo, hasta el 11 de septiembre de 2022. Durante una racha de «zoomies» Pixi se lesionó, probablemente al saltar o caer de un árbol para gatos. Aunque nadie vio cómo se produjo el accidente, se pudo notar claramente que cojeaba cuando reapareció.

Directa al veterinario

A pesar de ser domingo por la tarde, el veterinario local aceptó ver a la pobre Pixi de inmediato. Para averiguar dónde estaba exactamente el problema, el veterinario manipuló suavemente las articulaciones de la pata de Pixi, con la esperanza de obtener una respuesta, pero Pixi no emitió ni un solo sonido. A la mañana siguiente, se tomaron radiografías y escáneres y se enviaron a un cirujano ortopédico, que rápidamente descubrió que la situación era mucho peor de lo que se esperaba inicialmente. En total, tres tendones del talón de Pixi se habían roto, incluido el tendón de Aquiles. Es más que probable que una enfermedad congénita subyacente haya debilitado los tendones, provocando que se rompan tras un simple salto.

Reparar o quitar

Al discutir el curso de acción con el cirujano ortopédico, nos quedamos con 2 opciones: tener la pata amputada, o tener los tendones reinsertados, un procedimiento que sabíamos que costaría miles de dólares y tomaría meses de rehabilitación. Aunque los gatos pueden vivir una vida larga y plena con tres patas, pensamos que la cirugía era la opción correcta. Después de todo, se esperaba que Pixi se recuperara por completo, y necesitaría esta pata en caso de que la otra se debilitara por la enfermedad subyacente que tiene. Así que, una semana después del accidente, Pixi entró en quirófano. Le repararon los tendones y le bloquearon la articulación con un dispositivo de fijación externa del esqueleto: un conjunto de varillas que se atornillan en el hueso y salen de la piel para unirse a una construcción estabilizadora.

Una nueva y elegante casa

Al día siguiente de la operación, Pixi pudo irse a casa. Para evitar que anduviera demasiado por ahí, había tenerla controlada. Como queríamos que Pixi se sintiera lo más cómoda posible, le compramos una especie de tienda de campaña para perritos, a la que pronto empezamos a llamar la tienda de Pixi. Pixi se adaptó pronto a su nuevo hogar, que era mucho más agradable que la jaula para perros que habíamos pensado inicialmente, y estaba equipado con todo lo que necesitaba: agua, comida, snacks, un arenero, una almohadilla para rascar y, por supuesto, su mantita favorita.

El camino hacia la recuperación

Después de la operación, Pixi tuvo que volver al veterinario cada dos días para que le revisaran las heridas y le apretaran los tornillos del dispositivo de fijación. La construcción de varillas de acero, tuercas y tornillos tenía un aspecto absolutamente absurdo en una gata tan pequeña, lo que nos llevó a llamarlo la «pierna robótica» de Pixi. Aunque a Pixi no le gustan mucho las visitas al veterinario, se portó como una campeona.

Adiós clavos, hola férula

4 semanas después de la operación inicial, el dispositivo de fijación externa, también conocido como pierna robótica, fue sustituido por una férula. Como el cirujano envolvió dicha férula con una venda roja que dejaba un poco de algodón blanco sobresaliendo en la parte superior, la nueva protección de la pierna fue llamada la pata de Papa Noel de Pixi. Aunque todos pensamos que esta férula sería más cómoda que el fijador, Pixi no estuvo de acuerdo. Después de cada paso, sacudía la pierna, intentando quitarse el vendaje.

Aún por llegar

Pronto, Pixi ya no tendrá que estar confinada en su tienda las 24 horas del día. Podrá dar sus primeros pasos fuera de esta tienda para perritos, pero sólo en distancias cortas. Después de unas semanas más, la férula se le retirará, permitiendo a Pixi aprender a mover de nuevo su articulación del talón. Puedes seguir las aventuras de Pixi en Instagram (es en inglés), y verás las actualizaciones diarias de su estado. Si vuelves a consultar esta entrada del blog en unas semanas, la habremos actualizado y tendrás información adicional sobre la recuperación de Pixi.

Salimos de la tienda

Dos semanas después de que se colocó la férula, Pixi podía abandonar la seguridad de su tienda y comenzar a explorar. Si bien esperábamos que Pixi estuviera eufórica, estaba preocupada por no decir otra cosa, y tuvo que acostumbrarse nuevamente a los lugares que alguna vez le fueron tan familiares. Sin embargo, una vez superado el miedo inicial, estaba más contenta que nunca, así que es hora de que se centre en aprender a correr con las nuevas condiciones de su pata.

Le quitamos la férula

Después de dos semanas corriendo y saltando como una gatita, Pixi estaba lista para que le quitaran la férula. Por fin pudimos ver el dispositivo que había mantenido su articulación del talón en su sitio durante las últimas semanas, que resultó ser un trozo de yeso doblado con la forma de su pata. Una vez retirada la férula, se hizo evidente que Pixi aún no estaba bien. Su piel se había debilitado gravemente por haber estado envuelta durante un mes, lo que significaba que una vez que Pixi empezaba a acicalarse la pata con su lengua áspera, literalmente se le rompía la piel, haciendo que su pata empezara a sangrar en varios lugares.

Cuidados posteriores

La pata de Pixi está ahora vendada para evitar que se siga lamiendo. Le desinfectamos a diario las heridas y las tratamos con una pomada hasta que todo esté bien curado. Puedes seguir a Pixi en Instagram para estar al tanto de su recuperación.