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Dificultad para respirar
Si tu gato parece tener dificultades para respirar, ponte siempre en contacto con tu veterinario. Los signos pueden incluir tos persistente o sibilancias, y jadeos, lo cual es normal solo si tu gato acaba de realizar una actividad física intensa. También puedes notar que tu gato estira la cabeza y el cuello hacia adelante o se agacha con los codos separados del pecho. Todos estos síntomas requieren atención médica urgente.

Orinar con dolor o frecuencia
¿Tu gato hace esfuerzo para orinar o va con frecuencia y sale poca o ninguna orina? Ponte en contacto con tu veterinario de inmediato, especialmente si tu gato es macho, ya que son más propensos a desarrollar una obstrucción de la uretra, una afección dolorosa y potencialmente mortal que puede provocar rápidamente la rotura de la vejiga o insuficiencia renal. Independientemente del sexo, cualquier signo de dificultad para orinar debe hacer que llames a tu veterinario de inmediato.
Vómitos o diarrea persistentes
Vomitar varias veces en una hora o sufrir diarrea persistente puede deshidratar a tu gato. Incluso en ese caso, nunca debes obligar a tu gato a comer o beber sin consultar primero con un veterinario, ya que tus cuidados bienintencionados pueden empeorar su estado. Además de causar deshidratación, los vómitos o la diarrea constantes también pueden indicar problemas de salud más graves, especialmente cuando hay sangre o cuando tu gato muestra signos de letargo.
Tu gato puede haber ingerido toxinas
Si sospechas que tu gato ha ingerido algo tóxico, el tiempo es esencial. Los tratamientos para inducir el vómito solo son eficaces en la hora siguiente a la ingestión. Pasado ese tiempo, es posible que las toxinas ya se hayan absorbido. Por lo tanto, no esperes y ponte en contacto con tu veterinario inmediatamente. Para evitar intoxicaciones relacionadas con las plantas, consulta nuestro artículo sobre plantas venenosas antes de comprar nuevas plantas.
Signos de dolor intenso o angustia
Los gatos son maestros en ocultar el dolor, a menudo se esconden o parecen inusualmente tranquilos. Ahora bien, no te dejes engañar si tu gato ronronea. Nuestros amigos felinos pueden ronronear como mecanismo de auto-calma. Otros signos de que tu gato tiene dolor son aullidos, llantos, gruñidos o reacciones exageradas cuando se le toca la zona dolorida. Además, un gato que tiene dolor dejará de comer y beber.

Parálisis repentina
Cuando un gato se queda repentinamente paralizado de las patas traseras, la mayoría de la gente piensa que debe ser causado por un traumatismo grave. Sin embargo, hay otra razón por la que tu gato podría arrastrar repentinamente sus patas traseras: un coágulo de sangre que bloquea el suministro sanguíneo. Esto requiere atención médica inmediata para evitar daños permanentes, así como que los coágulos de sangre se desplacen a otras partes del cuerpo.
Desmayos o convulsiones
Si tu gato no puede mantenerse en pie, está muy letárgico o no responde en absoluto, es evidente que algo va muy mal. Lo mismo ocurre cuando los gatos tienen convulsiones. Cuando tu gato apenas responda, asegúrate de mantener su cuello recto para que pueda respirar correctamente. A continuación, llama urgentemente al veterinario. Al fin y al cabo, la falta de respuesta podría indicar un problema grave en el corazón, los pulmones, el cerebro, el hígado o la circulación sanguínea de tu gato.
Traumatismos graves o accidentes
Si sabes que tu gato ha sufrido un traumatismo, como ser atropellado por un coche o mordido por un perro, asegúrate de que lo examine un veterinario, sin excepciones. Los signos evidentes, como sangrado, heridas profundas o sangre en el vómito o las heces, son motivo de preocupación, pero incluso si tu gato parece estar bien, puede tener lesiones internas o heridas ocultas. Nunca ignores las encías pálidas en un gato, ya que pueden ser un signo de hemorragia interna grave.